Pensar es compartir

En una palabra: Pensamientos.

Capítulo I

No veía nada. Sin embargo, sentía que los sentidos no le hacían falta.

-¿Donde estoy? -preguntó. Pero había algo que le inquietaba. Aunque estaba completamente segura de que solamente lo había pensado, lo había escuchado. Su pensamiento se había vuelto sonido.

-En un lugar seguro. -Le respondió una voz extrañamente familiar.- Cuando regreses a tu mundo verás que ya no hay nada que te une a él.

“Estás destinada a hacer grandes cosas. Y… bueno,… es reconfortante saber que serás tú quien abra la puerta.

-Pero.. ¿quién eres?

-Una conciencia que te ha protegido hasta ahora. Soy el que te ha sugerido que te acercases a la puerta. Soy el que te debe decir que cuando te encuentres ante una elección, tienes que decidir con el corazón.
-Has dicho algo sobre una puerta y sobre un destino…

Pero esa conciencia ya estaba desapareciendo y, Yawin, empezaba a despertar.

-¡No!¡Espera!¡Dime algo!¡Por favor!

Lo último que Yawin oyó antes de despertar fue un ligero susurro:

-… Morgon…

*********************

La iglesia estaba oscura. La luz que penetraba por las oscuras ventanas producían extrañas sombras entre las ruinosas columnas que soportaban la agrietada bóveda que se alzaba sobre el recinto. Sin embargo, Yawin no parecía percatarse de ello. Sus ojos estaban fijos en lo que antes parecía haber sido un cortejo funerario. El cadáver de su madre yacía agarrado a un ataud manchado de sangre y metralla; el ataud de su padre.

Pero no se detuvo para llorar, ni siquiera para abrazar el cuerpo inerte de su madre. Una voz en su interior le decía que ya no podía hacer nada por ella. Era posible dilucidar que en aquel templo había ocurrido algún tipo de batalla; o, más bien, algún tipo de matanza. Y era apremiante alejarse de un peligro que podia continuar, acechante, oculto en alguna sombra.

Sus pasos resonaban por el templo, como lo podrían haber echo en una sala cubierta de musgo y algodon; ya que la sangre, que formaba charcos en el suelo, amortiguaba en cierto modo el sonido de sus apresurados pasos.

La escena que le aguardaba afuera, no distaba mucho de la acontecida segundos antes en el interior del templo. Sangrientos cadáveres mutilados sembraban el pavimentado patio exterior como, momentos antes podrían haber estado las primeras hojas de unos prematuros árboles otoñales.

Un pensamiento rondaba incansablemente por su cabeza: ¿Por qué? ¿Por qué a su familia?

No tenían enemigos que supiese y los bandidos no eran tan sanguinarios.

No se lo planteó dos veces. Saltó al camino y con paso tranquilamente apresurado comenzó a caminarlo. Tal vez la directora de la escuela de magia de una ciudad cercana pudiese ayudarle. Era la mujer más sabia de toda la región.

Era de noche cuando llegó a las puertas de la ciudad. Estaban cerradas, pero un centinela que descansaba a unos metros le indicó una posada donde esperar a la apertura de las puertas, sin temor a los bandidos.

La posada no era más que una casa ruinosa cubierta de hiedra; aunque debía de haberse secado hacía ya tiempo, ya que cualquier tipo de color que hubiera tenido, había desaparecido sin dejar rastro. Frente a la posada había una mesa de piedra circular rodeada de bancos igualmente de piedra. Lucía unamusgosa y oscura mancha que cubría casi la totalidad de su superficie.

-Espero que eso no sea sangre.- Pensó Yawin.- Hoy ya he tenido suficiente.

De repente, la puerta principal se abrió, inundando de luz el camino frente a la entrada. Un hombre mayor la miraba fijamente. Su cara, llena de arrugas, estaba pálida y demacrada. Unos surcos bajo los ojos permitían ver largas jornadas sin dormir a causa del insomnio propio de la vejez.

-Necesitas alojamiento, ¿verdad?

Su voz era áspera y dura, y su cara se torcía al hablar, como si hablar fuese un gran esfuerzo.

-Quería acceder a la ciudad, pero he llegado demasiado tarde. Necesito un lugar donde percnotar; pero, no tengo dinero.

-No te preocupes por el dinero. La mejor moneda es una buena conversación. Si quieres, puedo ofrecerte un fuego caliente a cambio de un poco de compañía.

Entraron en la posada. El interior estaba poco iluminado y, como era de preveer, era tan ruinosa como daba a entender el exterior. El recibidor era amplio. Frente a la puerta, un mostrador empolvado y sucio precedía a una cochambrosa escalera. Junto a ella había un reloj de pie antíguo. Sin embargo, no estaba parado; aunque, sus manecillas, giraban en sentido contrario.

La madera podrida que formaba el suelo crujía bajo las pisadas. Entraron por una puerta situada a la izquierda del mostrador. Era el salón. El anciano se sentó en una butaca frente al sillón en el que se había sentado Yawin.

-Perdona mis modales- dijo el anciano.- Me llamo Rúmil.
-Yo me llamo Yawin- dijo con recelo.- ¿Por qué vive en un lugar como este?
-Porque mi cuerpo no requiere más. A demás, son tiempos difíciles y no puedo exigir más.

Ya más confiada, preguntó:

-¿Vive usted solo?
-Estoy esperando a alguien.

Ambos sabían que no había respondido a la pregunta. Sin embargo dijo:

-Creo que pronto llegará.

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El cielo comenzaba a enrojecer cuando despertó. Estaba en un cuarto cochambroso, como el resto de la casa. La decoración, aunque escasa, producía una sensación de sosiego y lentitud, como si el tiempo hubiese dejado de correr. Una ventana, situada en una pared a la izquierda de Yawin, mostraba un valle rodeado de las sombras recortadas de unas montañas. A lo lehos se divisaba el camino que el día anterior le había servido de guía.

Su mirada recorrió el largo camino buscando el pueblo en el que había transcurrido toda su vida, durante quince años. Sin embargo, cuando su mirada llego al lugar en el que debía estar, encontró un bosque de extráños árboles. Al ver semejante escena un escalofrío, que atribuyó al desconcierto, recorrió su espalda.

Muchos dicen que la ignorancia es la base del coraje; y, quizá, fue eso lo que permitió a Yawin conservar la mente fria y resuelta a pesar de las dudas que la arropaban lentamente.

Cuando bajó a la cocina Rúmil ya estaba sentado en una mesa, de aspecto ruinoso, sirviéndose unas gachas de un delicioso aroma.

-Buenos días -dijo.- ¿Te apetece desayunar?
-Buenos días -respondió mientras se servía unas gachas.- Muchas gracias por su hospitalidad.
-No es nada. No iba a dejarte en el camino.

*********************

La ciudad era grande. Yawin se perdía por las intrínsecas calles que formaban la alborotada estructura de la ciudad de Nagedim. Por fín, encontró la torre en la cual se impartían clases de magia.
Era una construcción sólida y resistente; y, sin embargo, la sensación que aportaba, era etérea. Los muros blancos subían como largas enredaderas para fundirse con las nubes. Las ventanas, difundidas por toda la fachada, mostraban dorados colores que el sol arrancaba del oro que las recubría. Las puertas, enormes losas de marfil con imágenes extrañas grabadas, estaban bloqueadas por dos guardias con el escudo de la Escuela de Magia bordado en el pecho.

-¿Qué quieres? -le preguntó uno de los guardias.
-Busco a la maestra Adheny –respondió con firmeza.
-¿Y quién eres tú para querer verla?

Yawin se sentía ofendida. No había recorrido tanto camino, para que un vulgar guardia de bloquease el paso.

-Quien yo sea, es cosa mía y de la maestra.
-Lo siento, no podemos permitirte el acceso al recinto sin un salvoconducto.

Cerró los ojos. Tenía que calmarse. De repente sintió como si alguien rebobinase el mundo; y esa sensación no provenía del entorno, sino que fluía por su cuerpo. Algo cambió cuando abrió los ojos.

Todo estaba igual; pero, la gente había desaparecido. Los guardias que, minutos antes, flanqueaban la puerta, estaban, ahora, dormidos en la garita.

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La estancia era oscura. La luz que desprendían las velas arrancaba extraños resplandores del musgo que cubría las paredes. Un trono presidía la estancia desde lo alto de un pequeño estrado. Arrodillada ante él estaba una criatura deforme.

-Los Acontecimientos han comenzado, señor -dijo con voz aguda. Su cuerpo temblaba. Una sombra oscura, sentada en el trono, observaba a la criatura.
-¿Estás seguro? -dijo con voz cavernosa la sombra oscura.- Entonces ¿podrás explicarme la fisura temporal que ha ocurrido al otro lado no?
-No del todo señor. Es algo que ha ocurrido en el Otro Lado; pero….. podría haber sido algún avatar.
-¿Qué avatar? –respondió la sombra.- ¡Están todos muertos!
-Eso no es posible, señor. Si no, la Puerta se habría abierto.

-¡Vete! ¡Tu trabajo no ha finalizado aún!

*********************

Adheny estaba irritada. Llevaba días investigando sobre una pista hallada en el antiguo santuario de Daidrax y ahora, cuando se hallaba inmersa en la investigación, la molestaban porque había una niña en el colegio sin ningún tipo de identificación.

Sin embargo, cuando Yawin apareció por la puerta de su despacho, su mal humor desapareció.

-¿Querías hablar conmigo? –preguntó con voz tierna.

Era una niña intrigante. Sus ojos deprendían un brillo extraño. Podía ser alguna experiencia vivida. Pero, también, podría ser algún oscuro secreto oculto de alguna forma a sus ojos.

-Sí, señora –respondió esta con voz vacilante.- Me llamo Yawin Coramova. Vengo de un pueblo cercano en busca de consejo.

-En ese caso, siéntate. Seguro que así lo contarás todo mejor.

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Después de haberlo contado todo, Yawin se sentía mucho mejor. Le había contado todo: la muerte de su padre, el funeral, la extraña aparición,…

-Morgon… -dijo Adheny pensativa.- No conozco esa palabra. No pertenece a ningun dialecto arcano que conozca…

“Pensaré en lo que me has dicho. Ahora deberías bajar a las cocinas a reponerte del viaje. Ya hablaremos más adelante; mientras, indagaré sobre el tema.

2009/03/25 Publicado por | Morgon | , , , | Dejar un comentario

   

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